Por CHANTREANO QUE SE DESCOJONA
En el fondo, le gusta ponerse a este lado

Somos una generación perdida. Una generación que vaga por una sociedad empeñada en relegarnos al papel de instrumentos ideológicos. La política, en la democracia que nos han montado, no es un camino ni un fin, sólo es un medio de vida, una forma de ganar dinero, de ostentar poder por grupos de personas que si no fuera por ese mecanismo, difícilmente llegarían a esa meta primera de la vanidad humana.
La izquierda, la derecha, el centro, el nacionalismo, buscan la perpetuación de un sistema en el que sólo nos necesitan una vez cada cuatro años. Fuera de esos periodos puntuales de farsa y urnas, la ciudadanía les molesta. Pero claro, para mantener la pantomima tanto tiempo, hay que saber pastorear a las masas, y para ello utilizan una serie de maniobras que se resumen todas en una, el sentimentalismo. Si se le deja pensar al populacho se corre el riesgo de que se den cuenta del engaño, mientras que si a lo que apelas para conseguir el apoyo es el sentimiento, aunque seas un autentico zoquete, te aseguras el secuestro de la voluntad: nadie deja de ser de su equipo por muy mal que juegue o por que descienda a segunda. Lo que se lleva es tener claque: carteles de risas y aplausos. Carteles de que vienen los fachas, de que vienen los rojos, de que vienen los fachas y los rojos juntos (¿qué esto es imposible? Qué va, Nabai cuadra ese círculo), carteles subidos a diario por los que nos gobiernan que así se van ganando el jornal... y las dietas, y lo que dejan de gasta en conceptos varios: trasporte oficial, viajes, regalos... Haciéndonos creer de su necesidad, por avisarnos de las plagas bíblicas que nos caerían en la cabeza el día que ellos dejaran el poder y lo cogieran los otros.

¿Qué pasaría si los partidos en vez de intentar agarrar por los cojovarios del fanatismo a la masa que vota,
intentaran atraerlos por la Diosa razón (esto no es una contradictio in terminis?, siempre me lo ha parecido, pero es que yo soy un poco raro)? Sería peligrosísimo: con la razón, haciendo pensar, fomentando el espíritu crítico, se tendrían que dar explicaciones, muchas, demasiadas, todas... y si no son creídas, el enjambre estaría descontrolado y en las elecciones se podrían dar unos vuelcos imprevisibles, como hemos visto que pasa en otros países más serios de Europa... y ni contarte quiero de EE.UU., que con todas sus verrugas y venitas antiestéticas en la piel (y todo lo que se quiera poner aquí, que no se trata de que se centre el debate, de haberlo, en lo malos que son los yankis), son tan extraños que el presidente de turno puede tener en su contra a la hora de gobernar a medio partido suyo y el apoyo de parte del otro, por ejemplo; además de tener limitado el mandato a dos legislaturas, cosa demasiada higiénica para el lugar en el que nos ha tocado vivir.
"Los míos no hacen eso, los míos no son así", me podrán decir algunos, sin darse cuenta del error de principio de que los tuyos en una democracia moderna tendrían que ser "todos", votando a unos unas veces y a los otros otras, según los resultados de su gestión, según el cumplimiento de los programas, que es lo que se tendría que valorar y votar realmente.
¿Y qué hacer? Llorar, supongo... o darse de cabezazos contra la terca partitocracia, porque no hay mucho margen de actuación. Básicamente se me ocurren tres.
La primera es votar en blanco, acto que hoy tiene una trascendencia tan grande como la de limpiarse el culo con dos o tres o cuatro o cinco secciones de papel de ídem (¿habrá alguien que utilice sólo una?, seguro). No pasaría lo mismo si ese voto en blanco fuera contabilizado como un partido político más, dejando escaños vacíos que mostraran el cartón piedra del tinglado, obligando, además, a los cargos electos restantes a estar siempre al pie del cañón para que sus ausencias no fueran interpretadas como escaños vacíos por decisión popular.

Segundo:
directamente pasar de ir a votar. Que se jodan, que yo, para teatro, el Gayarre. En Cataluña se viene viendo este fenómeno elección tras elección, llegando al paroxismo en el referéndum del estatuto, que votándose como se votaba una ley fundamental para el circular diario de la ciudadanía, la participación no llegó ni al 50%. ¿Ocurrió algo, una autocrítica de los partidos? Nada. Es más, hoy actúan los que abogaban por el sí como si hubieran votado el 101% del censo, y los que defendían el no ni lo mentan, por si acaso, que perro no muerde a perro, salvo Maragall con lo del 3%, pero aquello puede que fuera producto de la enfermedad que padece (para liarlo todo más está el caso de ERC, que habiendo pedido la abstención, hoy se pone al frente de la defensa del susodicho como si ya nadie fuera a recordar sus predicaciones). Pues vale.
Leo esta mañana en el Noticias, en chiquitito, que
la participación en la consulta de Arenys (que se lee Areyns)
fue del 33% de la población total (la censada fue del 41%, pero se podía participar desde los 16 años, con lo cual no sé cómo transpolar el dato a unas elecciones en las que es necesario los 18) aunque

el titular, el gordo, es que el sí fue respaldado por el 96%. La participación, por lo tanto, a nadie ni de nada importa. ¿Qué sólo hay un voto? Pues nada, mayoría
pluscuamsoluta y a cascarla.
Tercero y último, espero que por ahora, es reventar el sistema desde dentro. Ya que los partidos políticos no van a dar un paso que les reste poder (listas abiertas, por ejemplo), habría que crear un partido que como fin tuviera su suicidio... pero seguro que se nos infiltra algún elemento Txéntxico, y nunca, aunque se ganara, se daría el paso de despeñarse en beneficio de la ciudadanía.
Mientras tanto, nosotros a lo nuestro, que es seguir pagando impuestos (se anuncia subida que dicen que va a ser sólo para los ricos... más la gasolina, otra vez, más el alcohol para olvidar, más el tabaco que es cosa de yonkis, más el IVA...; que como todo el mundo sabe son impuestos que discriminan según rentas. Jua, jua) y continuar sacándoles la cara entre nuestros iguales como si nos fuera la vida en ello, controlándonos entre nosotros en realidad. Perverso sistema, pero eficaz... para ellos.