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Economía

domingo, 20 de septiembre de 2009

Viernes de Zinemaldi, por un navarro (part one)

Dos viernes en la "Navarra marítima"



Donosti, ciudad candidata a Capital Europea de la Cultura en 2016, la París del norte, el meadero de los navarros y la ciudad más narcisista del Cantábrico (seguida muy de cerca por Santander). Lugar de culto para los aficionados al cine en el mes de septiembre y lugar de hospedaje de actores, directores, guionistas… durante estas semanas. El viernes, 18 de septiembre, arrancó la 57ª edición del Festival de Cine de San Sebastián.

Día de paraguas, zonas azules, alfombras rojas cubiertas de plástico, colas y gritos histéricos. Llegaba a España lo nuevo de Quentin Tarantino, Inglorious Basterds. Pitt en el papel de un teniente estadounidense cuya misión es reclutar gente para matar nazis. Al otro lado del ring, un luchador joven, casi novato: Woody Allen y su ya habitual película anual, Whatever Works, protagonizada por el famoso cómico Larry David.

Por la mañana llegaba el equipo de Quentin, ese director entusiasmado por la violencia, la sangre y el gore. Un gran narrador de historias. Lo hacía acompañado de Brad Pitt, que por su aspecto actual, parece tener algún asunto pendiente con la Justicia: gorro, gafas de sol y perilla de cabra. Se alojan en el María Cristina, por si alguien quiere subir a hacerles una visita.

En una edición donde el Festival de Cine de San Sebastián se ha apretado el cinturón (ha quitado un día y ha subido el precio de las entradas), nosotros hemos querido ver Whatever Works en el teatro Victoria Eugenia. Un día, una película. Hay que apretarse el cinturón.

Nuestro pase era a las 19:15. A esa hora, ya había llovido tanto que la Policía Municipal vigilaba la zona desde sus lanchas. En la playa, bandera roja. En el mar, algunos surfistas quitándose el calor de por la tarde. Paraguas y más paraguas en las colas y concursos de atinar al vecino.

En la puerta del Kursaal venden camisetas y merchandising para recordar el momento. Todas llevan las nueve rayas multicolor de este año. Sin embargo, no venden paraguas ni bocadillos. Una pena.

A las 19:00 entramos en el Victoria Eugenia, un teatro similar al Gayarre. Se apagan las luces, se hace el silencio y comienza la película. Se hace raro estar en un teatro. Salen los créditos de Woody Allen y aparece Larry David. De ahí, hasta el final, el alivio de comprobar que aquel experimento que fue Vicky Cristina Barcelona ha terminado. Vuelve Nueva York, y vuelve el judío de humor inteligente. Así sí, la cosa funciona.
Pasan 92 minutos y salimos afuera. Se oyen gritos y alboroto. Parece que llegan los bastardos a presentar su película. Entran Tarantino y algún otro, a juzgar por los chillidos y los flashes. De puntillas, apoyados en hombros de gente que no conocemos, saltando, conseguimos ver una perilla que se para a firmar con todo el mundo. Por supuesto, sigue lloviendo. Pasa cerca de nosotros y la gente se vuelve loca. “¡Braaaaaaaad, Braaaaaaaad!”. Niñas que ni siquiera han visto una película suya no paran de gritar, aunque no puedan verlo. Lleva un traje oscuro y cuatro hombres forzudos a su alrededor. Ni me imagino la que se pudo montar en Jerusalén con una barba un poco más larga.

El director del Festival se abre camino entre la gente y se cuela entre nosotros. Los municipales son más listos que nadie, nos mueven, y se quedan con el mejor sitio: “un poco más atrás por favor, un poco más atrás”. Entran dentro, se acaba el alboroto y la gente se dispersa. Hora de cenar, pintxo o lo que sea. Dentro del Victoria Eugenia se quedan unos cuantos afortunados que sí lograron conseguir una entrada: 6’6 € vía internet.

Nosotros ya estamos calados y en ningún sitio venden bocatas. Pedimos cervezas y nos vamos a casa. De camino al coche, decenas de carteles anuncian películas en tablones y tiendas. En el puente, la gente se hace fotos con el Kursaal iluminado. Y así, concluye el día de apertura entre calles de cine, un judío, bastardos, gente, famosos y títulos de crédito. El viernes que viene, más.

10 comentarios: on "Viernes de Zinemaldi, por un navarro (part one)"

Johnny dijo...

¿¿¿ni si quiera???

http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=siquiera

Donostiarrita medio dijo...

"Lugar de culto para los aficionados al cine en el mes de septiembre". Yo soy más aficionado al cine el mes de octubre. Entre eso y que trabajo, me quedaré sin ir (casi) a ver películas.

"Niñas que ni si quiera han visto una película suya no paran de gritar". Es que Brad Pitt ha dedicado demasiado tiempo al cine mudo vietnamita como para que sea conocido en los circuitos comerciales.

José Miguel Sánchez dijo...

Buena frase por lo que veo eh... jaja Gracias por los 2 apuntes. El primero porque ni me había dado cuenta, y el segundo... porque es verdad. Aunque me gusta más el Brad Pitt post-cinevietnamita

Nerea dijo...

Seguro que en el Juantxo sí vendían bocatas, no mirasteis bien.

;)

Jurdan Arretxe dijo...

Si Arzak no tiene sitio, el Juantxo toca la semana que viene.

Juli Gan dijo...

Lo mejor del zinemaldia es buscar esas películas -buenas- que no podrás ver jamás en las salas comerciales de cine, porque son de países que no exportan pelis tan fácilmente. Cuando había abonos sí que era estupendo. Desde que apareció Olaziregi como director, hasta los programas de mano se venden.

Itzain dijo...

¿Pero cuándo van a quitarle el forro de uralita al Kursaal?
A, que es uralita de autor... qué burro...

Zaldiko dijo...

Me imagino que están esperando a que quiten los ralladores de queso de la fachada del Cortinglé de Pamplona.

kanif dijo...

¡Txiko, pa sufrir no vayas!

arratetxo dijo...

Diccionario donostiarra:

Zona azul = OTA
Señor que vigila la zona azul = otero.

Lo de la zona azul me ha costado pillarlo y ya me he desconcentrado para el resto del post.