Desde sus orígenes, el ser humano ha necesitado energía, valiosa energía. La energía nos permite realizar todas y cada una de las actividades llevadas a cabo: desde lavar la ropa hasta conducir un coche. En este artículo, que nos envía un lector, se habla de la energía: de cómo la obtenemos, cómo la usamos y que nos deparará el futuro de la energía. Cada uno puede obtener sus propias conclusiones.
Por XABIER EINSTEIN
Colaborador espontáneo
¿De dónde procede la energía?
Primero, los humanos se valían de su propia fuerza para sus tareas cotidianas: cazar animales, transportar materiales, defenderse de los atacantes, y todo tipo de actividades de supervivencia. Todo eso lo hacían con su propia fuerza, de manera que solía asociarse fuerza con supervivencia. Pero desde el principio ya se usaban energías ajenas a las del cuerpo humano. Uno de los más destacables ejemplos es el fuego, una muy valiosa herramienta para aquellos que desearan estar a salvo de depredadores y no morir congelados.
Más tarde, ante la aparición de la agricultura y ganadería se ocasionaron algunas modificaciones en las tareas: por ejemplo, para moler el grano se usaban animales que movían mecanismos, y otras criaturas (bueyes, caballos...) se usaban para transportar mercancías y personas. Estos avances se pueden considerar, con diferencia, los más importantes para la especie humana, pues sin ellos aún seríamos cavernícolas subdesarrollados.
El ser humano, además, ha aprendido con el tiempo a aprovechar la energía de la naturaleza de una manera ingeniosa. Norias de agua, molinos de viento, son los primeros inventos en este campo; más tarde combustibles, tales como el carbón y el petróleo; y, finalmente, fuentes de última generación: centrales nucleares, mareomotrices, geotérmicas...
¿Qué nos preocupa? La superpoblación a nivel mundial y el uso de aparatos eléctricos son algunos de los factores de la llamada crisis energética. Llamamos crisis energética al fenómeno mundial que estamos viviendo hoy y cada día, y del cual cada vez estamos más concienciados, que consiste en la falta de recursos energéticos. Desde el teléfono móvil hasta el coche, desde el horno hasta el mando del televisor, casi todo requiere energía. Y para obtener energía hace falta una fuente de energía.
Hasta ahora se habían usado los combustibles fósiles (carbón, petróleo...) como fuente primaria de energía, y, en segundo plano, energías renovables. El problema se encuentra en que el petróleo y el carbón no son inagotables, y seguramente no durarán mucho. Los estudios más optimistas nos hablan de treinta años antes de que se agote la última gota de crudo. Treinta años.
Si no cambiamos nuestro ritmo de consumición o nuestra fuente de energía (o ambos), las siguientes generaciones se verán inmersas en un mundo sin energía.
La solución
No es fácil dar con una solución a un acertijo tan grande como este, que ocupa las mentes de miles de personas a diario. La idea trata de aprovechar la mínima energía que nos provea la naturaleza: luz, calor, vibración, o cualquier cosa que esté activa tiene hoy día una función ecológica.
Sin embargo, se prevé que la solución no tratará de una fórmula mágica o de un nuevo invento. La respuesta a la pregunta se encuentra en nuestro día a día: ir en bus en vez de en coche, vehículos eléctricos...
Energías renovables
Aquí os presentamos algunas de las fuentes de energía renovables más destacables en la actualidad.
Solar: Del Sol proviene el 99,9% de la energía de la Tierra. ¿Y que mejor manera hay, sinó aprovechando su luz, de obtener energía de él? Las placas solares reflejan la luz del Sol hacia un punto que absorbe la energía y la utiliza para evaporar agua, que se desplaza por un circuito, mueve unas turbinas que producen electricidad.
Eólica: Los molinos de viento son impulsados por el aire que se mueven y, mediante una dinamo, producen electricidad. No es una fuente que produzca mucha energía, pero es una de las más extendidas.
Hidráulica: El agua baja por los ríos y se mueve por los mares, y su brío no tiene desperdicio para generar electricidad. Normalmente, en los ríos, se instala un molino que aprovecha la energía de

igual manera que uno de viento. En el mar, se instalan centrales maremotrices que usan las corrientes, las mareas, las olas, y todo tipo de fenómenos marinos para crear energía eléctrica. Estan no son todas, sin embargo sí las más importantes fuentes renovables. También existen algunas que aprovechan los más mínimos movimientos.
Y yo, ¿qué puedo hacer?
Ayudar a ahorrar energía no es sólo cosa de científicos e ingenieros. Es más, quienes más debemos ayudar somos los ciudadanos de a pie. Aquí damos algunos consejos muy útiles sobre como colaborar en la causa.
• Usar transporte público. No es lo mismo que doce personas viajen cada una en su coche a que todas vayan en un solo vehículo. Ir en bus o en metro, o, a ser posible, a pie o en bici, es algo infravalorado y poco frecuente.
• Ahorrar consumo eléctrico. Es habitual tener, por ejemplo, la luz del baño y del pasillo encendidas. Sin embargo, hasta ahora, no se ha dado nunca el caso de que un se humano pueda estar en dos habitaciones a la vez. Asimismo, también navegamos por la red mientras el televisor está en marcha, o incluso dormimos en su presencia.
• Selección de productos ecológicos. En la actualidad muchas empresas apuestan por la ecologia fabricando productos que consumen y desperdician menos. Es un caso muy común en los autos: las nuevas eco-tecnologías en muchos modelos, que aprovechan el frenado para parar el motor; los coches eléctricos o de motor mixto, y muchos otros pequeños detalles son al fin de gran importancia.