Las entrevistas txistorreras

Sea con preguntas de nuestros lectores o sea respondiéndonos a nosotros, no tienen desperdicio. Y hay quien se atreve a responder...

Entrevistas

Incorrección política

El análisis y comentario político, de cuestiones navarras y del resto del mundo, nos lo da sin tapujos el politólogo y escritor Juan José Domínguez

Juan José Domínguez

Hablemos de dineros...

Con lo que nos cuentan El Filibustero y Jesús Jiménez, "Er Jimi", entendemos de fábula las cosas de la Economía navarra y del mundo

Economía
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sábado 30 de enero de 2010

Vive rápido, muere joven y harás un bonito cadáver

O la leyenda negra del rock


Muchos creerán que lo que leen ahora mismo trata sobre un cuento chino, o mismamente sacado de Hollywood. Nada más lejos de la realidad. La guerra oculta contra las grandes figuras del Rock ‘n’ Roll, el cine o la cultura moderna ha existido prácticamente desde finales de la década de los cincuenta. Algo que da fe ciega de ello son los archivos desclasificados por el FBI durante los ochenta y más precisamente desde finales de los noventa, cuando salió a la luz la denominada “Operación Caos”, movimiento creado para la eliminación del avance de la contracultura mediante atentados, sabotajes, y lo que es más aterrador, asesinatos. En la actualidad, los restos residuales de aquel complejo movimiento subterráneo del FBI y la CIA, podrían estar encaminados para actuar contra improvisados ideólogos radicales de la comunidad latina: los raperos de color.

¿Sabíais que durante las décadas de los sesenta y setenta, la CIA y el FBI, con el total respaldo del Presidente Nixon, crearon un movimiento de persecución para aniquilar a toda la moda Hippy? A ello lo denominaron la “Operación Caos”, la cual consistía en analizar y a la postre exterminar a toda la admiración de la juventud norteamericana, es decir, las mayores estrellas del cine y del rock. Personajes como Jim Morrison, Jimi Hendrix, Jannis Joplin, Elvis Presley, Marilyn Monroe o el mismísimo John Lennon fueron víctimas de esta macabra operación, falleciendo todos ellos en extrañas circunstancias.

Allá por el mes de julio de 1968, Howart Hunt, asesor de la CIA, acompañado por el sector duro del entorno de la Presidencia del país, acordaron crear un nuevo grupo de eliminación de personajes que estorbaban y molestaban a los Estados Unidos. El procedimiento consistía, primero, mediante sabotajes y boicots a películas, conciertos o presentaciones de discos, para acabar, finalmente, deslizándose con una mayor destreza. Se pasó al frío y sencillo asesinato. Las faena final concluye siendo maquillada con sobredosis, suicidios, ataques al corazón o asesinatos a manos de perturbados mentales. Éste último caso es el de Mark David Chapman, el asesino material de John Lennon. Quien conozca la realidad de aquella época, sabrá a ciencia cierta el peso que tenía todo aquel elenco de artistas, líderes de toda una joven generación de la posguerra.

Los prolegómenos de la operación
Todos conocemos de sobra que a lo largo de nuestra historia más reciente, el asesinato político se ha convertido en toda una obra de arte: Lincon, Kennedy, Malcom X o Luther King sufrieron en sus propias carnes a los embriones de la “Operación Caos”, organizados en menor medida y con bastante menos cuidado, pero con una alta efectividad. Todos ellos han tenido que ver con operaciones clandestinas coordinadas por las principales agencias de investigación y espionaje del planeta, con la única premisa de mantener cierta estabilidad social mal entendida y bajo los cánones de conservadoras mentalidades. Mismos mecanismos que en su momento sirvieron para establecer y mantener dictaduras, como es el caso de nuestro país (entre otros). Extrañamente, los suicidios, las sobredosis y los ataques al corazón fueron las fórmulas preferidas por los artífices de tal siniestra marcha.

Pudo ser Jimi Hendrix el primero de la lista, con un dossier de casi 700 páginas, seguido muy de cerca por el Rey del Rock, Elvis Presley con 600. Hendrix se postulaba como una de las figuras más relevantes para la creciente juventud afroamericana y eso era algo que estorbaba mucho a la Casa Blanca. J. Edgar Hoover pudo ser el autor intelectual de la muerte del famoso guitarrista. Fue él quien, de la mano de la CIA, introdujera (gracias a la inestimable ayuda de la mafia napolitana), cantidades industriales de droga entre la clase media-baja norteamericana (donde una gran parte de la población afroamericana tenía sus raíces), llegando a darle a la CIA el absoluto monopolio del tráfico de LSD en EE.UU. El “Elvis negro de los sesenta” fue encontrado muerto y asfixiado por su propio vómito tras una sobredosis. Los medios de comunicación elaboración conjuntamente un comunicado oficial donde se describía la muerte del artista como “tragedia accidental”. Lo que nunca contaron fue cómo varios componentes de su banda y teloneros del concierto vieron a su líder estrangulado con una toalla minutos antes de su adiós definitivo. Creyeron que trataba de un sádico ritual más del excéntrico guitarrista. La autopsia confirmó ciertas irregularidades en los informes... Tres días después, el médico forense que examinó los restos de Jimi Hendrix, apareció flotando en un río.

Parecido panorama era el que afloraba el Reino Unido, con un enemigo moral bien claro: The Rolling Stones, y más precisamente su líder, Brian Jones, quien a la postre fuera encontrado ahogado en una piscina, dejando las autoridades archivado su caso como “muerte accidental”. Antes de la fatídica muerte de Jones, su banda ya había acabado entre rejas por posesión de drogas meses antes. Antes de la muerte del cantante, tanto él como su entorno creyeron ciegamente en una rara persecución paranoica hacia los intereses de Brian Jones. La misma suerte corrió el líder del famoso grupo The Doors, Jim Morrison, quien fue encontrado flotando en una bañera de París. Morrison, al igual que los artistas mencionados, ocupaba un lugar privilegiado en la vanguardia izquierdista y rebelde del planeta. Era más que un simple cantante, era un revolucionario. ¿Pudo ser Morrison una nueva víctima de la Operación Caos? Algunas versiones afirman que murió bajo extrañas circunstancias y con un chocante informe del forense, alegando un paro cardíaco (pocos meses después de la muerte de Jannis Joplin). Otras fuentes confirman que Morrison, harto de una vida repleta de excesos y locuras variadas en el mundo del rock, fingió su muerte para evadirse de un mundo al cual odiaba con todas sus fuerzas. Algo parecido debió pasarle a Elvis, un “rey” que murió sentado en el trono… Mick Jagger, Joan Baez y Bob Dylan sufrieron ciertos “avisos” desde la “Operación Caos” (accidentes de moto, camerinos ardiendo…), aunque con mejor sino que terceros.

La Operación Morsa, o el caso Lennon
Mark David Chapman era aparentemente un joven que cumplía con todos los parámetros de la normalidad, hasta que a los diecinueve años ingresó como huésped en un campamento de la CIA en Beirut, sometiéndolo a tratamientos psiquiátricos y programándolo para futuras misiones de la agencia. Para ello, las altas esferas científicas lo trataron con las típicas recetas de la CIA. Sustancias como la torazina o la terapia de la hipnosis fueron las armas experimentadas en el joven Chapman. El asesino de Lennon fue uno de los pioneros en la cadena de montaje de asesinos programados de la CIA. Por si las moscas, la “Operación Morsa” -así se le denominó a la operación que acabaría con la vida de Lennon- tenía un Plan “B”: en caso de fracasar, Chapman alegaría ante la justicia enajenación mental transitoria para excusarse sobre la rara ejecución del cantante. Tras duros años de preparación, a Chapman le llegó la hora de la verdad.

En diciembre de 1980, Chapman aterrizaba en Nueva York para consumar su obra. Después de hospedarse en un céntrico hotel, adquirió por enésima vez en su vida el ejemplar de “El Guardián Entre el Centeno”, obra que imprimió un fuerte sello en la vida del protagonista durante sus primeros años de adolescencia. Chapman se mantuvo ante los apartamentos Dakota la mayor parte de ese día. A las 17:50h, Lennon y Ono se desplazaron desde su domicilio hasta los estudios de grabación para culminar los últimos retoques en el álbum póstumo Milk and Honey. La pareja tuvo que escurrirse hábilmente del bulto para poder llegar al taxi. No obstante, tan sólo uno entre decenas de fans consiguió un autógrafo del cantante. Aquel fue Mark David Chapman, quien consiguió que su ejemplar del flamante LP de la pareja Double Fantasy fuera firmado por el cantautor. Aquel momento de gloria fue inmortalizado por varios fotógrafos. Chapman, aturdido por su brutal golpe de fortuna, permaneció a la espera hasta las 11 de la noche, que fue cuando la limusina del feliz matrimonio aparcaba en el parking del edificio. John y Yoko pasaron junto a Chapman cuando éste realizó seis disparos, cuatro de los cuales impactaron en la espalda y hombro de John Lennon. El futuro asesino tuvo tiempo para sentarse a leer su libro a pocos metros del moribundo Lennon mientras llegaban las ambulancias. Chapman reconocería a la postre formar parte de la “Operación Caos.

Estos asesinatos y las extrañas circunstancias en las que se encontraron lo cuerpos sin vida de los Elvis Presley, Hendrix, Morrison y Marilyn Monroe, inducen a creer que había algo más allá que paradójicas casualidades en accidentadas muertes, pero sobre todo deja claro que un país como los EE.UU. tiene el poder suficiente y las herramientas necesarias para deshacerse de quien estorba en sus objetivos primarios.
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viernes 29 de enero de 2010

Lo último de "21 días"

Replicándolo de El Jueves

"Como no es lo mismo contarlo que vivirlo..." es ya una coletilla de la televisión. Samanta Villar, reportera intrépida, se dedica a pasar 21 días de su vida haciendo cosas, a veces difíciles, a veces extrañas, otras veces directamente estúpidas. Los colegas de El Jueves han pensado el más difícil todavía: 21 días muerta.

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Ensayo sobre los tarugos institucionales

La arruga es taruga


Escribía el otro día L.F. Chivite un atinado artículo en el cual confesaba que “uno de los personajes de la sociedad humana que siempre me ha llamado la atención y me ha dejado atónito por su presencia constante en las distintas épocas y culturas es el tarugo con puesto. Ya me entienden: el tarugo al que nombran director general de algo o jefazo de lo que sea. No digo que abunde, pero todos conocemos a más de uno”. Aunque admitía su incapacidad para comprender el fenómeno, con gran perspicacia apuntaba que quizás a la Administración le viene bien contar con algunos tarugos y preguntaba si alguien es capaz de explicarlo.

No sé si soy la persona adecuada para responder a la cuestión, pero la verdad es que a lo largo de unos cuantos años de trabajar para diversas instituciones he conocido una buena diversidad de tarugos con puesto y el escrito de Chivite me ha hecho reflexionar al respecto. Creo que hay varias explicaciones al fenómeno del taruguismo con cargo porque también hay varios tipos de tarugos/as. Como mínimo se me ocurren los siguientes:

a) El tarugo pariente. El más obvio. El tarugo en cuestión proviene de una familia con influencias, una de esas de apellido bien representado desde hace siglos en las instituciones y empresas de la provincia e incluso en su callejero. Una vez que el niño o la niña, tras acabar los estudios con gran esfuerzo económico y moral por parte de sus progenitores, ha demostrado su incapacidad para aprobar unas oposiciones, poner un negocio o conseguir que le prorroguen cualquier contrato de trabajo por cuenta ajena más allá del período de prueba, es decir, una vez que se ha hecho patente su condición de tarugo sin remedio, se empiezan a mover los contactos y se le consigue colocar de asesor de algo o de gerente en alguna empresa pública. Eso sí, para evitar que haga algún chandrío es mejor que viaje mucho por toda Navarra y el resto del mundo y que se nombre un vicegerente bien capacitado para que en sus constantes ausencias lleve adelante la gestión de la empresa. O mejor dos vicegerentes, otro para que acompañe al gerente en sus viajes y lo vigile.

b) El tarugo afiliado. Muy extendido. Lleva años pagando la cuota del partido (del que gobierna, o del que pacta con el que gobierna, da lo mismo), quizás es uno de los fundadores, siempre se ha ofrecido generosamente para ir en las candidaturas aunque le haya tocado en los puestos donde no se saca escaño, ha estado siempre en primera fila de manifestaciones, mitines y asambleas, y siempre ha apoyado ciegamente a la dirección. Además es el líder indiscutible de su agrupación local, ya que en su pueblo los demás afiliados son todavía más tarugos que él. De algún modo hay que pagarle los servicios prestados. Se le busca un cargo con un nombre muy rimbombante pero donde no tenga posibilidades de tomar ninguna decisión.

c) El tarugo con encanto. Incapaz de hacer la o con un canuto pero con gran don de gentes. Cae bien a casi todo el mundo, tiene mucha labia e incluso buena presencia y tirón con el sexo opuesto. Tiene montones de amigos en todas partes. Le ofrecieron su primer cargo porque buscaban alguien bien capacitado para las relaciones públicas. Con el tiempo sus descubridores descubrieron su total ineptitud para desempeñar el puesto; no obstante hizo muchas amistades y pronto le ofrecieron otro puesto mejor donde también se requerían sus habilidades sociales; sus aliviados compañeros le hicieron una bonita fiesta de despedida y volvió a iniciarse un proceso que se repite cada pocos años. Eso sí, con cada cambio ha ido incrementando la retribución.

d) El tarugo que ha alcanzado su nivel de incompetencia. Ya lo explicaba el famoso principio de Peter; en una organización todo el mundo tiende a ascender hasta alcanzar su nivel de incompetencia, y llegado a él deja de ascender, con lo cual con el tiempo la mayor parte de los puestos están desempeñados por incompetentes. Nadie es tan tarugo que no sepa hacer algo bien. El tarugo en cuestión entró en la Administración para hacer un trabajo no muy exigente para el que sí estaba capacitado; quizás el único. Antes o después le ascendieron a otro puesto en la errónea suposición de que también sería capaz de desempeñarlo con éxito. Pronto se comprobó que no, que era un auténtico tarugo. Quizás se quedó ahí, porque los ascensos rara vez son reversibles, quien asciende a un incompetente se niega a reconocer su error públicamente. O quizás la cosa fue peor, sus jefes con tal de quitárselo de en medio le volvieron a ascender, lo que Peter denomina “sublimación percuciente” o falso ascenso. Se le paga más para que se lo crea, pero se le quitan responsabilidades para que no moleste.

e) El tarugo útil. En toda organización hay algunos puestos nada deseados que sólo un tarugo es capaz de aceptar. Puestos con funciones desagradables, ficticias o irrelevantes que todo el mundo, menos el tarugo, sabe que se mantienen por razones inconfesables. Porque hay que hinchar el organigrama y fingir que se hacen más cosas de las que se hacen para que no se recorte el presupuesto; porque hay que aparentar que se está ejecutando ese plan que no hay ninguna intención de llevar a cabo; porque hay que tener a alguien que sirva de pantalla para recibir a los afectados por alguna actuación administrativa, tratar con ellos y tenerlos distraídos sin que molesten a la gente que está trabajando de verdad; porque algún día volverá al departamento alguien a quien ofrecieron un cargo no sé dónde y hay que reservarle el puesto. En fin, hace falta un tarugo que se preste al paripé.

f) El tarugo que pasaba por allí. Hay un puesto con funciones de verdad, pero de momento no se puede proveer; hay varios aspirantes capacitados pero están en una situación de bloqueo, cada uno tiene apoyos distintos insuficientes para conseguir el nombramiento pero suficientes para vetar a los demás (y no me refiero a candidatos de distintos partidos; las guerras más crueles suelen ser las fraticidas). Mientras se resuelve la cuestión hay que poner transitoriamente en el puesto a alguien que no se entere de la fiesta y del que se pueda prescindir sin mayores problemas. Cualquier tarugo sirve.

Se me dirá que con esta clasificación se pueden entender los motivos por los cuales cualquier tarugo consigue llegar a tarugo con puesto. Pero, ¿cómo es posible que se perpetúe en tal condición? Esto es como en cualquier profesión. Lo difícil es entrar, pero una vez que estás dentro se te abren más posibilidades. El tarugo que consigue un puesto en cualquiera de las categorías descritas luego puede que obtenga otro incluso mejor en cualquiera de las demás. El tarugo pariente puede convertirse en tarugo afiliado (por muy tarugo que sea, alguien de su familia le aconsejará adecuadamente sobre dónde ha de afiliarse); el tarugo con encanto puede convertirse en tarugo pariente haciendo un buen matrimonio; el tarugo que pasaba por allí puede ser un tarugo útil en otro departamento. Y así sucesivamente. El taruguismo con puesto es como la energía, que no se crea ni se destruye, sólo se transforma.
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jueves 28 de enero de 2010

Retratos lisboetas: Andru Charles

Fotoperiodista en Portugal


Me gustaría saber qué es lo hicisteis cada uno de vosotros cuando la Comunidad Económica Europea decidió quitarnos nuestras pesetas para convertirlas en euros. No tendríamos nada que poner en el dedo de nuestro San Pancracio y el cine dejaría de costar una moneda grande de 500. Por tanto, ¿qué hicimos con todo ese dinero que acabó convirtiéndose en chatarrilla? Muchos de nosotros, ir al banco a que nos lo cambiaran por euros: no está la cosa como para andar rechazando. Otros muchos, como nuestros padres o abuelos, las guardaron para la posteridad, seguros ellos de que dentro de muchos años tendrán un valor incalculable.

Yo sé de un hombre inglés de 51 años que decidió hacer un negocio con toda la calderilla que ya no le servía. Andru Charles, natural de York (Nueva Inglaterra) dedica su vida ha hacer medallas a partir de la talla de las diferentes monedas acumuladas a lo largo de su vida. Lleva 8 años trabajando en Lisboa y aun vendiendo sus “obras medalleras” a 8 y 10 euros, reconoce que esto que hace es un buen negocio. Su mejor amigo le dejo este pequeño puesto como herencia tras su muerte, desde entonces Andru se dedica a crear colgantes de las antiguas monedas que todos tiramos.

Considera que la capital portuguesa es uno de los mejores lugares para trabajar teniendo en cuenta que el casi 90% de sus ingresos vienen de los turistas. “Lisboa es un ir y venir que gente, da igual que sea invierno o verano: este continuo buen clima atrae a los viajantes a cada época del año”.
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La Banca siempre gana

Politólogo y analista político


Si un joven lanza una piedra contra una sucursal bancaria puede ser una gamberrada, un acto punible. Pero si dos mil jóvenes tiran piedras contra los bancos de cualquier ciudad estamos ante una acción política. Un acto de protesta anti capitalista. En ambos casos, la mayoría de la sociedad se ofuscará y se pondrá de parte de los banqueros y sus oficinas en el nombre del orden público, la seguridad ciudadana, el civismo y el Estado de Derecho, como si el patrimonio atacado perteneciese a los clientes de la banca.

Si una caja de ahorros o un banco cobra una comisión por cualquiera de las donaciones que se hacen en estos momentos a Haití, puede resultar éticamente repugnante, pero la acción es legal. Si los grandes bancos especulan con el dinero de los ahorradores y colapsan la economía mundial y por eso los países se arruinan o la gente se queda sin trabajo, los banqueros más ricos saldrán beneficiados. Ganarán más dinero. Pero, ante este “atraco oficial”, la gente sólo se cagará en Botín o en Morgan y no mostrará tanta irritación como si le hubieran apedreado la sucursal que linda con el portal de su casa.

La banca es dueña del sistema capitalista a escala integral: controla los gobiernos, las multinacionales y la educación a todos los niveles. Por ejemplo, si medimos el daño que causan los “subversivos” y los “delincuentes financieros”, nos daremos cuenta de que los banqueros son los principales responsables de las miserias del planeta. Sin embargo, la sociedad esta lobotomizada por los grupos mediáticos al servicio del gran capital que nos dicen quién se porta bien y cuál es malo: al mangante legal se le protege, mima y ampara por parte de los gobiernos, de las instituciones nacionales e internacionales e, incluso, si se producen colapsos monetarios ocasionados por los ladrones del préstamo, el crédito y la tasa de interés, los estados salen en su defensa y los arropan con millones de dólares. El protestón, por el contrario, irá directo a la cárcel y será sancionado por los mismos que defienden y dan cobertura a los funcionarios del robo organizado.

Pero todo tiene un límite. O eso parece: Obama ha plantado cara a los banqueros de su país y ha dicho que lo van a tener de frente. Algunos representantes demócratas de la Cámara de Representantes de EEUU han llamado “delincuentes” y “tiburones” a los ejecutivos de Wall Street y Estefanía, en El País, explicaba que los magnates de la gavilla habían dado un “golpe de Estado silencioso”. Parece, pues, que aquí pasa algo.

Según he leído recientemente, existe una conspiración capitalista que se encarga de financiar a los subversivos del planeta con el fin de provocar disturbios, crispación y confrontación ciudadana. De este modo, la gran banca, instigadores de la confabulación, tienen asegurado que la masa, en vez de pedirles cuenta a ellos por saqueadores, pida mano dura contra los alborotadores que interrumpen el sueño de los hipotecados, endeudados, parados y casi el 95% de la población mundial.

Lo más curioso, según he podido comprobar viendo un documental sobre la conspiración capitalista, radica en que entre los subversivos figuran políticos de izquierdas, empresarios forrados de pasta, intelectuales, “lanza piedras” y gente de los más variopinta. Así que uno no sabe si creérselo o pensar que a alguno se le ha ido la cabeza. Eso sí, la banca siempre gana. Como siempre.
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miércoles 27 de enero de 2010

"Ese Tocho", capítulo 6

Por PATXI IRURZUN
Cuentista, blogger, sanferminero


Cuando regresé al hotel el único resto que quedaba de la chica que me había levantado el día del chupinazo junto con Burru era su tanguita, olvidada en un extremo de la cama, como por descuido. Pero a mí ya no me la daban. Las chicas nunca se olvidaban las bragas porque sí. Yo sabía que ella la había dejado allá como un señuelo, para que yo la olisqueara como un perro en celo. Que fue exactamente lo que hice. Lo que hubiera hecho cualquier otro hombre. Y es que somos todos unos cerdos. Descubrí también un número de teléfono garabateado con carmín en el espejo. Aquella chica se pensaba que estaba en una película y ya se veía la mujer del multimillonario futbolista, y cómo la invitaban a fiestas, y a desfilar en pasarelas... Pero yo no pensaba llamarle. No me arrepentía en absoluto de ser un cerdo. Yo había obtenido de aquella chica lo que quería y ella... lo había intentado. Lo sentía. Además, yo no le había interesado en absoluto bajo el sombrero de mejicano. Así que...

—TOC, TOC —llamaron de repente a la puerta.

Pensé que sería de nuevo ella, pero al abrir me encontré con Doña Rogelia, es decir, con una mujer encorvada, con una pañoleta en la cabeza y gafas oscuras. No tardé en reconocer a la alcaldesa.
—Tengo que hablar con usted —dijo, en un tono que era como si estuviera expulsando a alguien del pleno municipal.

La hice pasar y conseguí desprenderme de la tanga que todavía llevaba entre las manos, pero no pude disimular que olisquearla me la había puesto morcillona. Observé, cuando nos sentamos en la cama, que ella fijaba sus ojos durante apenas una milésima de segundo entre mis piernas y cómo se ruborizaba, cómo su cara se convertía en una manzana royal y cómo enrojecía todavía más cuando intentaba explicar que estaba allá para pedirme que declarara públicamente que entre nosotros no había sucedido nada, lo cual no casaba en absoluto con la excitación que, evidentemente, la iba embargando, sobre todo cuando le ayudé a desprenderse de la pañoleta y con las yemas de mis dedos coloqué en su sitio sus cabellos desordenados.

—Dios mío, ¿qué me hace?

Yo cada vez estaba más cachondo y no pude evitar propinarle el primer mordisco en el cuello. A todas las mujeres les gusta que las besen en el cuello casi tanto como a nosotros que lo hagan en otra parte. Deslicé después mi mano hasta su estómago. Tenía una tripa suave y mullida, sin llegar a ser fofa. Pensé que nunca había sido madre, y que le gustaba sentir allá el calor de mi mano. Después solté el cierre de su falda. Ella no se resistió.

Bajé hasta sus muslos y los separé levemente. Al hacerlo se elevó el olor espeso de su sexo. Yo recordé un bosque en un día de lluvia, allá en Argentina. Mojé mis manos en cada charco, busqué en su fondo piedras mágicas y, cuando di con la más hermosa de todas, ella gimió, se mordió los labios, tembló como una hoja de otoño desprendida. Aquel era mi momento preferido, cuando las cogía bruscamente, como por sorpresa y me las colocaba a horcajadas, hundiéndoles mi miembro, más descomunal que nunca. Me gustaba entonces acariciarles las nalgas, hurgarles en el ano, sentir como palpitaba todavía como un corazoncito tras el orgasmo... Y después, una vez acostumbradas a mis hechuras, las tumbaba sobre la cama, boca arriba, y las penetraba a placer. Les gustaba, les gustaba mucho, a todas... a todas, excepto a la alcaldesa.

—¿Qué es eso? —preguntó, sujetando el colgante que se balanceaba en mi cuello y que le golpeaba en la cara con cada empujón. Y después comenzó a gritar como poseída:
—¡Dios, mío, un lauburu, estoy en la cama con un radical! ¡Me está violando!

Yo no sabía qué era un lauburu. Aquel colgante era sólo un amuleto mapuche en forma de estrella que me regaló mi abuelo, poco antes de morir.
—¡No, no! —insistía, pero pronto comprendí que en el fondo, cuanto más al fondo mejor, le gustaba, le provocaba alguna fantasía morbosa, en la que ella se convertía en mártir.
—¡Terrorista, asesino! —me gritaba.

Y aunque al principio me resultaba algo incómodo después le fui cogiendo el gusto y no tardé en dispararle todo mi esperma por su cuerpo, sobre su sexo, el estómago, su carita de manzana... Fue entonces también, a una con aquel orgasmo tan rico y tan profuso, cuando se me escapó aquello otro:
—Pichurri— le dije.

Continuará...
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Nuevos objetivos para la SGAE

Por JAVIER DOMÍNGUEZ
Compra música, todo legal y tal

Primero fue aquello de meter inspectores en las bodas, para ver qué música se ponía y sancionar al pinchadiscos. Más tarde, lo de cobrar por la música en actos benéficos. Ahora, de golpe y porrazo, la SGAE se ha destapado con otras dos guerras impopulares: cobrar a las peluquerías por tener música ambiente y sablear a las residencias de ancianos por poner la tele. Ambas cosas, aunque no gusten, son legales. Es más: lo de cobrar por tener la radio puesta, sea radio musical o generalista, es algo que le leí hace años a Luis del Olmo. Así que tampoco se puede responsabilizar en exclusiva a la SGAE.

Como leemos en Radio en Red, la SGAE lo tiene casi todo controlado: "desde hospitales hasta mítines políticos, megafonía de estaciones de trenes, hilos telefónicos, fiestas [...]. Parece que nada ha quedado fuera de su control. Están previstas todas las situaciones que implicarán el uso de la música públicamente, en cualquier evento o negocio, incluso cuando es sin ánimo de lucro". ¿Todas? Como en los tebeos de Astérix, no: hay unas cuantas cosas que todavía se les ha pasado legislar. Y yo, por si acaso, se las sugiero.

- Los politonos: no hay derecho a que por los 2'40 euros que cuesta bajarse una canción, cualquiera pueda ponerla como tono de llamada en su móvil. Habría que cobrar por cada vez que suene. Y, si no quieren pagar, que lo pongan en vibrador.
- Los macarras de ventanilla bajada: los artistas no tienen por qué aguantar que alguien que haya pagado por su disco lo comparta con la sociedad a base de wattios en sus bafles. Multa que te crió.
- Los sordos: chavales, ¿qué es eso de que todo el vagón del metro escuche lo que lleváis vosotros en vuestro MP3? A pagar por difundir música.
- Los que no tienen auriculares: curiosa moda la de ponerse la música del móvil sin auriculares, para escucharla en pandilla. Es moda habitual entre propagandistas del reggaeton. Y los artistas del reggaeton también tienen derechos. Sanción o canon ya.
- Mendigos y perroflautas: tanto los que tocan Arrivederci Roma o La vie en Rose como aquellos que toman prestados fragmentos inconexos de canciones conocidas deberían dar a la SGAE un 20% de las limosnas recaudadas.
- El vecino trompetista: aunque lo escuchemos con una pared por medio, disfrutamos de grandes éxitos como Paquito el Chocolatero o Suspiros de España. El ensayo debería llevar su propio canon.
- Las misas: todavía no se ha sabido de ninguna parroquia que le pague a la SGAE por la música de las eucaristías. Ahí hay un filón, Ramoncín.
- Los campamentos de verano: religiosos o no, todos cantan en algún momento aquello de "Mamá anoche en las trincheras, entre el fuego y la metralla". Y esa canción tiene autor, y su autor derechos. Cuota a la SGAE por niño inscrito que la perpetrará a lo largo de la convivencia.
- Los flatulentos: auténticos artistas del pedorreo que, con la conveniente modulación en el esfínter, obtienen sonidos parecidos a Jhonny Tecno-ska. Paco Pil espera cobrar.

Yo ahí lo dejo, por si los guardianes de los derechos de autor me toman en serio y deciden actuar. Están palmando pasta. Por cierto, he leído un bulo por ahí: el Vaticano quiere cobrarle derechos a Teddy Bautista porque dicen tener registrado el apellido. Además, argumentan, dejar que a tan bautismal nombre le preceda algo como Teddy afecta al honor del santo. Insisto en que no deja de ser un bulo, pero cuidao, cuidao.
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martes 26 de enero de 2010

250 años de la fachada del Ayuntamiento pamplonés

Por ELOY RABO
Pura fachada berroqueña


La fachada del Ayuntamiento de Pamplona cumple este martes dos siglos y medio de existencia. Vale que no es una fecha redonda, pero piensen ustedes que Barcina quería celebrar algo y a los 300 no llegaba. Así que aprovecha una onomástica fraccional para hacer una chocolatada y sacarse bonitas fotos, que todo viene de pelotas en año preelectoral como éste. De paso, y eso sí es cierto, los pamplones (y pamplonesas) nos fijaremos un poquito más en esas alegorías pétreas, recién restauradas, esas rejas con escudo leonino y ese frontón con reloj al que parece que sólo miramos a eso de las 11:55 del 6 de julio.

A estas alturas, quien más quien menos conoce aquello de que Pamplona no era Pamplona, sino tres núcleos (los burgos) que andaban a hostia limpia con cierta asiduidad. Y es que aquí había estopa antes incluso de que se fundaran los partidos políticos, o sea que la culpa no es solo suya. Luego llegó un rey listo que dijo que la unión era necesaria y que daba privilegios a cambio (o algo así), y de aquel ring medieval pasamos a ser la ciudad aburrida de hoy. Ganamos estabilidad, sí; pero perdimos la diversión de las invasiones y el aceite hirviendo por lo que hoy son belenas.

Y allí donde los burgos confluían, tachán, se colocó la primitiva casa consistorial. El solar fue luego aprovechado, allá por 1755, pero volvieron a hacer un ayuntamiento (hoy, la parcela hubiera sido reconvertida, sin duda, en un Civivox). Y de ese segundo edificio, nos queda la fachada, que es la que celebra su aniversario hoy. O sea, que pasó al revés que con la Catedral, a la que en 1783 estaba a punto de caérsele la portada románica y Ventura Rodríguez se lució, con ese pegote neoclásico que da pena verlo y que ahora están arreglando por gentileza de Caja Madrid. Caja Navarra, parece, está ocupadísima invirtiendo en bodegas.

Según nuestros gustos arquitectónicos, la fachada nos molará más o menos, pero la sentimos como propia, porque nuestra es. La veíamos negra como la cara de San Fermín antes de la restauración. Hemos visto las figuras alegóricas de la entrada despojadas de sus atributos, fruto del vandalismo. Pasábamos junto a ella cuando se podía circular en coche por el lugar. Hemos corrido por delante mientras oíamos los pelotazos policiales en Jarauta. Nos hemos pegado, casi hasta fundirnos, con sus piedras en el chupinazo. Junto a ella vimos como algún hijoputa le sacaba un ojo a un munipa en el último intento oficial de recuperación del Riau-Riau. A su sombra vimos morir a Mathew Peter Tassio. Hemos colgado nuestros pañuelos en la rejería cuando lo de Miguel Ángel Blanco. Hemos dejado los vasos de plástico con las velas en el Pobre de Mí. Hemos quedado en ella cuando no había móviles. Y un largo etcétera.

Barcina hoy tendrá sus fotos con esa fachada consistorial, pero las principales son las que los pamploneses guardamos en nuestra mente. Y piensen, piensen: ¿cuántos concejales y alcaldes y alcaldesas, que hemos visto en sus balcones, pasaron... mientras nosotros y la fachada seguimos ahí? Ellos pasan, nosotros somos. Larga vida a la fachada. Si ni Barcina se la ha cargado, es difícil que alguien lo haga.
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Aunque sólo sea por incordiar

Por SYLDAVO DE SYLDAVIA
Tocando las bowlings


Ya sabéis cómo se las gasta el Ayuntamiento de Barcinópolis con la rotulación monolingüe de las calles. Por incordiar un poco, os propongo esta iniciativa. Adjunto a este artículo tres modelos de recurso; el procedimiento es muy sencillo, hay que rellenar los datos personales de cada uno (nombre, DNI y dirección), imprimir dos copias, firmarlas y presentarlas en cualquier registro del Ayuntamiento de Pamplona o del Gobierno de Navarra (mejor lo segundo, no vaya a ser que en el Ayuntamiento lo pierdan). Con eso basta.

Si dáis publicidad para que el personal presente, a tres recursos por persona, por cuantas más personas mejor, muchos recursos, a lo mejor el Ayuntamiento se replantea si le merece la pena todo el trabajo que le vamos a dar.



Nota de la Redacción: sin ánimo de llevarle la contraria a Syldavo, no podemos por menos que recordar que el Defensor del Pueblo (institución por supuesto imparcial y nada orientada, juas) ya archivó una queja sobre la rotulación monolingüe en las rebautizadas calles ex-franquistas de la Chantrea. Pero bueno, nosotros dejamos aquí la propuesta de Syldavo, por si alguien se anima.
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lunes 25 de enero de 2010

"Ese Tocho", capítulo 5

Por PATXI IRURZUN
Cuentista, blogger, sanferminero


Fue un periodista, Txus Cuenco, quien me mostró las dichosas fotos el día de mi presentación, en la sala de prensa, tras el posado de rigor con la camiseta del equipo, bajo la portería, simulando una palomita... Eché de menos, eso sí, el típico apretón de manos con el presidente del equipo. A los presis les gusta mucho figurar y que tú aparezcas a su lado como si fueras una de sus pertenencias. Godman estaba de todas maneras cerca, y también Burrutxaga, el capitán, y más tipos encorbatados, además de un enjambre de periodistas. Exagerado, en mi opinión, más teniendo en cuenta que los sanfermines eran un filón, con decenas de imprevisibles frentes informativos (esa misma mañana, sin ir más lejos, se había descalabrado por una de las murallas de la ciudad, a las que las parejas acudían a retozar, un ex-ministro de defensa que ahora prefería hacer el amor que la guerra —aunque fuera con un menor—). Exagerado y demasiado serio, pues en la rueda de prensa todos mostraban unas caras de "pobre de mí" nada propias del tercer día de fiestas.

Tal vez por ello agradecí la presencia de Txus Cuenco, un divertido periodista con unas pintas algo desfasadas, como de futbolista de principios de los ochenta: permanente, bigotón, gruesa cadena de oro al cuello....

—Señor Tocho ¿qué hay entre la alcaldesa y usted? —preguntó, y después algo que no entendí pero que me sonó parecido a "Rica, rica, rica, txistorra Pamplonica".
—Tú qué eres, uno de los pives esos del “Caiga quien Caiga”, ¿no? —le seguí la broma.
—Cuidado con éste: Es el periodista deportivo más famoso de Pamplona —me susurró "Burru", sin embargo.

Yo mismo pude darme cuenta de inmediato de que aquel tipo era el portavoz del resto de periodistas, una especie de padrino al que los demás respetaban. Más tarde sabría que su nombre, Txus Cuenco, no lo debía tanto a ser natural de la cuenca de Pamplona como a su afición por vaciar recipientes, mayormente rebosantes de pacharán. Circunstancia ésta, su dipsomanía, que lejos de mermar sus facultades, afilaba su agudeza.

—Ah, ¿pero no ha visto aún las fotos? —comprendió rápidamente —. Ulloa Óptico, miramos por sus ojos—. Txus hablaba de ese modo, introduciendo cuñas de publicidad en cada pregunta.

Después me alargó el periódico del día anterior.
—Observe, observe la magnitud de la noticia —decía, al tiempo que, como quien no quiere la cosa, señalaba mi abultada entrepierna en una de las fotografías.
— ¿Puede aclararnos si es un montaje fotográfico, o un efecto óptico como sugirió la alcaldesa en la rueda de prensa de ayer? Alonso vende al costo.

De repente sentí como si regresara la resaca y trajera con ella de la mano a todas las resacas que en el mundo han sido. ¿Qué diablos estaba pasando allá? ¿Pretendían utilizarme para algún tejemaneje político? ¿Para eso me habían fichado? Traté de recordar lo sucedido en el balcón del ayuntamiento. Había abrazado a la alcaldesa, es cierto, y hasta quizás la había abrazado demasiado estrechamente, aprovechando la lluvia de huevos para atraerla con mis manos mágicas a mi regazo, pero ella había contribuido generosamente a la erección. ¿Qué efecto óptico ni qué niño muerto? Una erección como dios mandaba —o como no mandaba—. ¿A quién le importaba? ¿Y qué había de malo en ello? ¿Qué clase de ciudad era aquella? ¿Qué clase de manicomio?

Demasiadas preguntas. Decidí que necesitaba ipso-facto más Vitamina C —C de Casquete—. Lo que no me imaginaba ni siquiera remotamente, dadas las circunstancias, era que fuera la propia alcaldesa quien me la proporcionara.
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Jimani: un lugar para la esperanza en Haití

Por TERE SÁEZ
Técnica de igualdad


Las imágenes siguen siendo terribles, a pesar del trabajo de las organizaciones de dentro y fuera del país, para salvar vidas. No hay palabras para describir las consecuencias de la catástrofe en Haití: un tercio de la población ha sido afectada, más de 100.000 personas muertas y un país absolutamente devastado que deberá enfrentar enfermedades y epidemias que se propagarán por la descomposición de cadáveres, la falta de agua potable y la inexistencia de la más mínima infraestructura. Viven en la calle, andan y andan hasta encontrar algo que llevarse a la boca. Criaturas sin familia, mujeres embarazadas y o solas, personas ancianas, discapacitadas, enfermas…desesperadas buscando esa mano amiga a la que agarrarse y poder sentirse protegid@s.

Miles intentan cruzar a República Dominicana por la frontera de Jimaní. Acompañando a familiares heridos con la esperanza de que puedan ser atendidos en los hospitales del vecino país y poder abastecerse de alimentos y agua. Y ese lugar, Jimani, ha sido elegido por los movimientos de mujeres para establecer un campamento que, además de paliar lo imprescindible, contará con un centro de atención primaria de salud integral, así como lugar de apoyo a defensoras y defensores de derechos humanos, para apoyarlos en sus demandas. Y denuncias.

Denuncias que recuerdan que los terremotos son imprevisibles. Pero las consecuencias que tuvo este para el pueblo haitiano eran absolutamente previsibles. La inmensidad de la catástrofe no es el resultado de la naturaleza, sino de un sistema de explotación y expoliación que ha convertido a Haití en uno de los países más pobres del mundo: el 80% de su población sobrevive en la indigencia, el 60% sin trabajo, la expectativa de vida apenas supera los 50 años, la tasa de mortalidad infantil es del 80‰, no hay agua potable y la desnutrición es crónica. En Gonaïves, la segunda ciudad del país, el 70% de los hogares carece de letrinas. Ya antes de la tragedia, Haití tenía la más alta tasa de mortalidad materna en la región: 670 muertes por cada 100 mil nacidos vivos.Un pueblo que ha sido sometido a dos siglos de saqueo imperialista, cincuenta años de dictaduras sangrientas como las de los Duvalier.

En medio de esta catástrofe, una cuarta parte de la población afectada son mujeres en edad fértil, embarazadas que no tienen acceso a los más mínimos cuidados. Un país donde el 43% de los hogares están encabezados por mujeres, ellas y las niñas sobrevivientes, cargarán ahora, la responsabilidad de la supervivencia de sus familias, en total desamparo, soportando niveles infinitamente más graves de violencia y el posible aumento de los abusos.

Antes, las autoridades de Haití ya eran incapaces de garantizar la protección de los derechos humanos de las mujeres. Ahora, con el sistema de justicia y las fuerzas de seguridad colapsadas por el terremoto, este tipo de abusos pueden aumentar notablemente y existe el riesgo de que nadie responda por ellos. Por eso Amnistía Internacional le ha pedido a Naciones Unidas que tome medidas para proteger los derechos humanos de los supervivientes más vulnerables, esto es, las mujeres y menores. Le recuerda qué en la actual situación de caos, además de contribuir al reparto de la ayuda humanitaria, Naciones Unidas debe velar por la seguridad de los menores y prevenir cualquier riesgo de agresión y abuso sexual.

Y con Amnistía Internacional, los grupos de mujeres y de defensa de los derechos humanos, están instalando Jimani, como campamento-Refugio. Apoyo humanitario, solidaridad y denuncia para obtener justicia y derechos. Que las donaciones lleguen a la gente que más lo necesita y no se pierdan en la burocracia y las mafias oportunistas Es fundamental que la deuda externa de Haití sea cancelada.

No olvides esas miradas, ni el milagro de la vida. No dejes de seguir apoyando. No se reconstruye un país en un día.
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sábado 23 de enero de 2010

"Ese Tocho", capítulo 4

Por PATXI IRURZUN
Cuentista, blogger, sanferminero


No supe el revuelo que habían armado las fotos de la alcaldesa hasta dos días después. Tenía una resaca brutal y pasé el día de San Fermín durmiendo, intentando amansar con la música de mis ronquidos a las fieras que se habían hecho nido en mi organismo (por ejemplo aquella colmena de abejas justo en la punta de allá donde se apoyara, nunca mejor dicho, la alcaldesa). La noche anterior había sido un desenfreno de alcohol y sexo. Después del chupinazo toda la plantilla habíamos ido a comer a un asador. Yo hacía apenas un par de días que había llegado a la ciudad y supongo que como deferencia, para irme introduciendo en el vestuario, me sentaron junto a Burrutxaga, el capitán del equipo.

Burru era un tipo simpático, de carácter noble y aspecto atractivo que gozaba del beneplácito de vestuario, directiva y afición, sobre todo, en este último caso, entre el sector femenino. Las muchachas le perseguían y él se dejaba perseguir, sin comprometerse nunca a nada. Era una pequeña licencia que se permitía y le permitían, pues por el contrario daba todo en la cancha, por sus compañeros y por su equipo (por el que, navarro como era, sentía los colores como ya pocos futbolistas, que somos unas putas, somos capaces de hacer). Pronto hice migas con él, a lo que ayudaron las tres botellas de clarete que nos ventilamos a medias, aunque debo decir que Burru se empeñó más que en introducirme en el ambiente del equipo en apartarme de él, sobre todo del resto de navarros.

—Son unos moñas. Estoy hasta los cojones de rezar el padrenuestro antes de cada partido. Joder, ¿pero todavía no se han dado cuenta de que Dios es del Madrid? Unos moñas. ¿O no ves que esta comida es un muermo? ¿Te apetece de verdad divertirte? —me propuso durante los cafés y sin esperar a que respondiera me arrastró a la calle, hasta un tenderete en el que entre otros titos, vendían camisetas piratas de Osasuna. Burru compró una con su propio nombre, otra con el mío y también un par de sombreros mejicanos, bajo los cuales, tras cruzarnos con una cuadrilla que nos invitó a unos tragos de una bota de las tres Z, cuyo contenido derramamos mayormente sobre nuestro cuerpo, volvimos al asador.

— ¡Quiero un autógrafo de Burru! —les espetó Burru a los gorilas de la puerta—. Y mi amigo uno del Tocho.
—Largo de aquí, muertos de hambre —respondieron amablemente ellos.

Y que Dios me perdone —y si no lo hace me da lo mismo, como ya quedó dicho Dios es un boludo, y ahora además del Madrid, el único equipo de los grandes que nunca se dignó a hacerme una oferta—, que Dios me perdone, decía, pero volver a ser un anónimo muerto de hambre fue una bonita experiencia: hacía años que no podía caminar por la calle sin que me saludaran desconocidos; sin tener que auparme, en el híper, bebés llorones al hombro para la foto; sin verme obligado, en las discotecas, a firmar autógrafos en turgentes pechos o rotundas nalgas... Bueno, esto último nunca me había desagradado demasiado y de hecho, cuando tras un periplo etílico por miles de bares observamos que a las chicas los borrachuzos muertos de hambre no les parecen nada atractivos, renunciamos al anonimato arrojando el sombrero mejicano al aire mientras por los altavoces se oía "Si no tienes un duro no te hace caso nadie, en cambio si lo tienes amigos a millares".

Y efectivamente, ya convertidos en Burru y Tocho no tardamos demasiado en enrollarnos a las dos minas más espectaculares del bar, con una de las cuales sobrellevé la resaca en mi hotel, a base de Vitamina C —C de Casquete— y fui capaz de llegar en plenitud de facultades a la rueda de prensa de mi presentación, el día 8; la misma rueda de prensa en que vi por primera vez las que ya llamaban fotos porno de la alcaldesa.
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viernes 22 de enero de 2010

Retratos lisboetas: el limpiabotas

Por SORAYA PÉREZ
Fotoperiodista en Portugal

Inauguramos otra sección internacional. Desde Lisboa, Soraya nos va a mandar postales de las gentes portuguesas que va descubriendo en sus paseos por la capital lusa. La de hoy es la primera de sus colaboraciones.

¿Cuánto hace que no veis a un limpiabotas, en plena calle, sacando brillo a los mocasines del empresario que vive enfrente de vuestro edificio? Quizás en España quede alguno, pero en Lisboa los hay a cada paso que das, y nunca mejor dicho. Colocados en fila, esperando al mismo banquero todas las mañanas, se sitúan los limpiabotas lusos. Y en uno de esos lugares, exactamente en una de las plazas más concurridas de Lisboa, Praça de Rossio, se encuentra Jose Luis A. Silva.

Este hombre, de nacionalidad portuguesa y 57 años, lleva como limpiabotas 8 meses. Antes estuvo trabajando en Girona como cerrajero y soldador. “En España tenías mayores posibilidades para salir adelante”, dice Jose Luis. Comenta cómo son generalmente los turistas, franceses y españoles, y sobre todo los empresarios portugueses sus clientes más habituales. “Son los señoritos con traje que trabajan en oficinas los que vienen aquí todas las mañanas, y que mientras se toman el café les limpio los zapatos”.

Cada día se coloca en el mismo sitio, tiene incluso controlada la hora de salida del sol en ese lugar de la calle lisboeta. A las 12 de la mañana empiezan a sobresalir los rayos del sol por el toldo de la Cafetería Suiça, situada detrás del lugar de trabajo de José Luis en la Praça Rossio. “En ese momento, cuando el calor aprieta, me muevo cinco metros hacia la izquierda. Siempre me coloco en el mismo hueco de sombra: tengo alergia al sol”.
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El que quiera peces, que se moje el Reyno

Por ELOY RABO
No va a misas de Munilla


“Ser navarro y español, además de una voluntad, es una convicción”. No lo digo yo, que es frase de Miguel Sanz de mayo de 2006, destacada además por una nota de prensa del propio Gobierno de Navarra. Lo hizo en Madrid, en unos desayunos informativos. Sanz, cuando va a la capital del Reino (con i) se vuelve más del Reyno (con y) que el sarcófago de Sancho el Fuerte. Y le pierde la boca. Porque lo de la convicción, tararí que te ví: en marzo de 2007, again in Madrid, dijo claramente que lo de ser navarro era cuestión obligada si querías recibir pasta.

Aquellas Divinas Palabras del presidente corellano dejaron claras dos cosas: una, que aquí, o se es navarro o no se es; y dos, que el eslogan de Reyno de Navarra no era un eslógan turístico, sino un eslógan político. Tales palabras pasaron casi de puntillas por la vida y los medios, salvo por el hecho de que fue recogido en un libro de Daniel Gómez Amat, que llevaba por título La patria del gol: fútbol y política en el Estado Español. Y dichas palabras, que ya vale de mantener la tensión, fueron tal cual sigue:

"Quiero recordar que hasta el nombre del estadio de Osasuna lo cambiamos, y ahora le llamamos Reyno de Navarra. Y creo que habrá contribuido a concienciar a los ciudadanos españoles que Navarra es una comunidad diferente a la Comunidad Autónoma Vasca. No solamente lo hemos hecho con Osasuna, lo hacemos con todos los equipos que de una forma u otra requieren o tienen subvención del Gobierno de Navarra. El que quiera subvención, tiene que llevar el nombre de Navarra al lado del equipo".

Probablemente, y aunque las declaraciones tengan huevos, pocos dudarán que, realmente, las pronunciara nuestro presidente. Oigan, si tienen dudas, pueden escuchar las declaraciones. Les invito a que lo hagan. Este click les hará la vida más fácil. Porque entenderán ahora, probablemente, que el Gobierno foral repita hasta la saciedad el lemita de las pelotas, y quiera rebautizar con Reyno de Navarra desde los espárragos y los pimientos hasta el complejo hospitalario de Pamplona. No vaya a ser, suponemos, que alguno piense que Basurto es hospital de Euskalherria y no sólo de Bilbao. Quieras o no, venía a decir Sanz, para recibir chines de este Gobierno tendrás que hacer juramento de lealtad a las convicciones del "navarro y español". Itxako o Xota suenan muy vascos, que tienen X, como Txentxo, y alguno puede liarse, así que Reyno de Navarra.
De ahí que UPN no quisiera poner un puto duro para que se viera la ETB en Navarra. U os llamáis Euskal y del Reyno Telebista, o marcáis las líneas del mapa del tiempo con logotipos turísticos. Si no, le ha dicho Sanz a López, pagáis la ronda vosotros. El que quiera peces, que se moje el Reyno. Eso es reconocer que gobiernas una tierra plural. Chin, pón.
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jueves 21 de enero de 2010

"Ese Tocho", capítulo tercero

Por PATXI IRURZUN
Cuentista, blogger, sanferminero


El calentón se nos pasó en un pispás, tanto a la alcaldesa como a mí. Apenas salimos al balcón del ayuntamiento fue como si nos devorara un animal, un monstruo de miles de cabezas que le sacaban otras tantas pequeñas lenguas al mundo.
—¡Macanudo! —no pude menos que exclamar.

Nunca había visto nada semejante. Ni siquiera en la cancha de Liverpool, cuando yo era el más diablo de los diablos rojos. La pequeña plaza parecía que fuera a reventar y desde ella se elevaba ya un solo grito —“¡San Fermín, San Fermín!”— que me arrebató la erección y, en compensación, me puso de punta todos y cada uno de los pelos del cuerpo. Pensé que si la afición de Osasuna se comportaba del mismo modo nos íbamos a llevar bien.

Observé a algunos de mis compañeros. Un ejército de mercenarios reclutados en países pobres. Camerún, Brasil, Rumanía... Vi cómo miraban boquiabiertos el espectáculo. Habían conseguido triunfar a fuerza de pegarle patadas a un balón, de pegárselas con todo su alma, como si con cada una de ellas golpearan al hambre y pudieran hacerlo añicos. En cierto modo era así, ahora todos ellos eran millonarios, pero cuando alguien ha sido pobre, pobre de verdad, es imposible mandar el balón lo suficientemente lejos. Me recordé a mí mismo, en nuestra chabolita, allá en Buenos Aires, comiendo papas todos los días, y de repente tuve la impresión de que aquello mismo que estaba viendo ahora era la manera exacta en que yo me imaginaba en mi niñez lo que debía ser un mundo feliz, un mundo sin hambre, un mundo en que la comida y la bebida eran abundantes y la gente se divertía arrojándose huevos, salpicándose con champán. Un mundo en que las guerras se libraban a tartazos de nata.

Aquel, sin embargo, no era el momento de ponerse trascendentales. Al menos ahora, nosotros, algunos de los pobres de la tierra, estábamos arriba, en el balcón y debíamos disfrutar del momento. Observé cómo Godman, guiado por Pichurri, la alcaldesa, encendía un puro enorme y se acercaba al micrófono y al cohete que allá había dispuestos.
—¡Pamplonesos! —comenzó el míster.

El griterío ensordecedor en la plaza se convirtió de repente en un silencio tenso, como un gato callejero a punto de saltar y enganchar un filete gordo, que le alimentara durante nueve días.
—¡Viva san Quintín! ¡Gorda¡ ¡Dios salve a América!

Yo no estaba muy seguro, pero para mí que se había equivocado. Al principio, sin embargo, tras prender la mecha y hacer estallar el cohete, no sucedió nada extraño, si entendemos por ello que abajo la multitud comenzó a saltar, a bailar, a abrazarse... —aquello era la normalidad al parecer durante los sanfermines—, pero pasados unos segundos el que hasta entonces había sido un sirimiri de huevos y taponazos de champán que pretendía calar sólo a la alcaldesa, se convirtió en un diluvio de dimensiones bíblicas dirigido al míster. Tuve la sensación de que aquel era el principio del fin de la Godmanía.

Rápidamente todos cuantos estábamos en el balcón corrimos a refugiarnos al interior del ayuntamiento, pero se había formado un tapón en la puerta porque los concejales se habían adelantado unos segundos, justo cuando alguien anunció que el lunch estaba listo.

La lluvia de huevos arreciaba y yo me encontraba junto a la alcaldesa. Fue la primera vez que la abracé. Por mi parte fue solo un gesto protector, pero ella, como quiera que éste se prolongara y yo volviera a imponerle mis manos mágicas, lo acogió de muy buen grado, como demostrarían al día siguiente las portadas de todos los periódicos locales, en las que, bajo titulares como “¡San Quintín, San Quintín!” u otros más malintencionados —“¡Ese Tocho!”— la alcaldesa apareció amarrada a la parte de mi anatomía más afamada. Y no estoy hablando de las manos.


Continuará...
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