Por alguna razón, desde la primera vez que vine aquí, nunca había ido a la manifestación de Bil´in. Es un pequeño pueblo palestino situado al noroeste de Ramala que se ha hecho famoso en los últimos tiempos por las manifestaciones pacíficas contra el muro que realiza todos los viernes después del rezo en la mezquita. De un tiempo a esta parte, la apuesta por las manifestaciones programadas se ha contagiando por el territorio palestino y ahora, junto a Bil´in, empiezan a aparecer en los diarios de los sábados sitios como Nil´in, Al Masara o el barrio de Sheikh Jarrah de Jerusalén, lugares todos ellos que también han institucionalizado la manifestación del viernes.
En el caso de Bil´in, sus habitantes comenzaron a manifestarse hace cinco años, cuando supieron que la construcción del muro les robaría 195 hectáreas de sus tierras de cultivo. Desde entonces hasta hoy, la dinámica ha sido siempre la misma: los palestinos se dirigen a la verja-muro tras el rezo de la mezquita cantando y portando banderas palestinas (si acaso alguno lanza una piedra), y son recibidos por decenas de soldados protegidos por escudos y armados hasta los dientes subidos en coches militares que, desde el otro lado de la verja, les lanzan agua con ácido, botes de gas lacrimógeno y en algunas ocasiones llegan incluso a disparar; eso cuando no traspasan directamente la verja, persiguen a la gente hasta la misma entrada del pueblo y arrestan a golpes a todo el que se encuentran, ya sea hombre, mujer o niño. Por si no fuera suficiente, de vez en cuando los soldados entran por la noches en el pueblo y arrestan de madrugada a los organizadores de las manifestaciones.
Hace dos años y medio, los manifestantes alcanzaron un pequeño logro: consiguieron que el Tribunal Supremo Israelí declarase ilegal el trazado del muro en Bil´in y ordenase relocalizarlo, de tal forma que los lugareños recuperaban 60 de las 195 hectáreas. En todo caso, han sido necesarias dos órdenes del tribunal para que los trabajos de reestructuración comiencen y, tras dos años y medio de “trazado ilegal”, las obras comenzaron hace unos pocos días.
Los habitantes del poblado siguen acudiendo cada viernes a la verja para protestar por las tierras que aún no les han sido devueltas y se han convertido ya en un símbolo de la resistencia no violenta palestina. El viernes pasado, Bil´in celebraba el 5º aniversario de las manifestaciones, lo cual atrajo al lugar a diversas personalidades. Entre ellos se encontraba el primer ministro palestino, Salam Fayad, y el alcalde de Ginebra, Rémy Pagani, que visita el territorio estos días con la intención de comprobar si en Palestina se cumplen las reglas de la 4º Convención de Ginebra. Esta circunstancia generaba en los asistentes la duda de si los israelíes se cortarían un poco o, por el contrario, se ensañarían a fondo. Luego descubrimos que optaron por lo segundo.
El arranque de la manifestación
Todavía en el interior del poblado, Fayad agradeció a los manifestantes llegados de Europa, América y del propio Israel su presencia en el poblado, y pidió que “cuando volváis a vuestras casas, contad lo que habéis visto aquí, habladles de estos valerosos luchadores pacíficos que se enfrentan al ejército israelí con sus propias manos y su voluntad con el sólo fin de recuperar sus derechos de vivir en las tierras que les pertenecen”. (Le quedó muy bonito, pero por si acaso se fue en su coche de vuelta a Jerusalén antes de que los manifestantes emprendiesen el camino hacia la verja.) Dicho esto, los manifestantes se dirigieron hacia la verja. Para que os hagáis una idea, el lugar donde se encuentra la verja tiene forma de triángulo y ésta rodea todo el triángulo menos la base, que es donde se encuentra el pueblo. Cuando la gente llegó al lugar no había soldados en el otro lado, y los palestinos aprovecharon para sacudir la verja, saltarla y agitar la bandera palestina en el puesto que los soldados israelíes usan de base para aplacar las manifestaciones.

Empiezan los problemas
Me alejé sin saber muy bien a dónde iba, y cuando se me pasó un poco el picor me giré y vi al bilbaíno, aún subido al sitio del principio, pero con el casco de la moto puesto y una mascarilla que se había traído (¡eso es venir bien preparado!).Según me habían recomendado, eché coca cola en un pañuelo, me lo puse en la boca y la nariz y volví. Parecía que los botes dejaban de llover, así que el bilbaíno decidió acercarse hasta la misma verja. Yo me quedé en el sitio, aún recuperándome (y, para que engañarnos, valorando con cuidado la idea de acercarme yo también. Soy de cerca de Bilbao pero no del Bilbao mismo!! :-)) Al poco rato comencé a acercarme, y cuando estaba a 10 metros, vi en el suelo a un periodista palestino de Belén tirado en el suelo y atendido por una ambulancia porque un bote de gas le había golpeado directamente en la cabeza. Me acerqué a preguntarle cómo estaba y de pronto comenzó a caer una verdadera lluvia de botes de gas. Intenté refugiarme detrás de la ambulancia junto con un par de palestinos, pero me empezó a dar la sensación de que los soldados estaban disparando los botes directamente contra las ambulancias y el gas estaba por todas partes, lo que necesitaba era alejarme.
El bilbaíno apareció al poco desde el lado opuesto, se ve que bajamos corriendo a la vez pero no nos hicimos ni ver. La italiana apareció por fin al cabo del rato con la cámara de fotos calada de coca cola, porque fue a embadurnarse y a beber para protegerse un poco del gas y al hacerlo le dio una arcada y escupió todo sobre la cámara. Había estado todo el tiempo entre los olivos, haciendo fotos del lado de la verja donde no había tanto jaleo, pero tampoco se libró; desde allí también lanzaron botes de gas.
Los manifestantes se fueron dispersando y la mayoría fuimos volviendo hacia el pueblo. En las orillas del camino había gente sentada tosiendo y escupiendo, atendida por las ambulancias. Os dejo este vídeo que resume bastante la historia:
Al rato volvimos a Ramala y de allí cada uno partió a su destino.
Cuando ya pensábamos que habíamos dejado atrás el follón y volvíamos a la tranquilidad de Belén, el domingo nos encontramos con una sorpresa. El lugar donde vivo se llama Beit Sahour, es un pueblecito pegado a Belén. Hace poco, el ejército israelí tomó una explanada de las inmediaciones del pueblo que hace años usó como base militar, cerca de un restaurante y un parque infantil. Llenaron todo de pintadas de estrellas de David (pudimos hacer fotos un día en que los soldados no estaban) y los lugareños decidieron comenzar también a hacer manifestaciones todos los domingos (Beit Sahour es 80% cristiano, cada cual celebra la manifa en su día sagrado...).

Para mostraros lo que pasó en esta manifestación os paso este vídeo, que es bastante gráfico.
Cuando el que graba (que es el mismo al que le dieron con el bote de gas en la cabeza en Bil´in) se fue, algunos de los manifestantes se pusieron a hablar con los soldados; varios de ellos, curiosamente, eran árabes del norte de Israel. Uno de los lugareños le preguntaba a un soldado por qué tenían que atacar a manifestantes pacíficos y por qué los colonos tenían derecho a entrar en la base y los palestinos no. El soldado le respondió (todo el tiempo con un bote de gas en la mano listo para ser lanzado) que si entraban colonos en la base los detendría igualmente, que no tenía más que llamarle para avisarle de que estaban allá y él personalmente vendría a detenerlos; a lo cual el palestino le pidió el teléfono...

































