Lo que sí que es procedente es pedir a nuestros representantes políticos que estén en el sitio oportuno, su escaño, en el momento adecuado. Que son los plenos y las comisiones del Parlamento y no los pasillos, la cafetería o el bar de enfrente. Y más cuando somos todos los ciudadanos, independientemente de que les hayamos votado o no, los que pagamos sus sueldos, que son bastante considerables. En comparación con la media de trabajadores y pensionistas.
En la foto, la presidenta del Parlamento, Elena Torres, abronca a Koldo Amezketa, uno de los parlamentarios ausentes. Amezketa escucha, impertérrito, la barrila de Torres. Ésta, con el ceño fruncido le advierte del esperpento, digno de Valle Inclán, que se ha visto en la Cámara foral. Que va a ser reproducido por todos los informativos y zappings del país. Y que, desgraciadamente, no es la primera vez que ocurre. Y luego, como en el soneto con estrambote de Cervantes, la presidenta caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese y no hubo nada. Mucho ruido y pocas nueces.






