Las entrevistas txistorreras

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El análisis y comentario político, de cuestiones navarras y del resto del mundo, nos lo da sin tapujos el politólogo y escritor Juan José Domínguez

Juan José Domínguez

Hablemos de dineros...

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Economía

sábado, 27 de marzo de 2010

La mala educación (para empresas)

Apasionado de la txistorra de Arbizu


Tenemos un grave problema de mala educación. No sé si hemos asimilado mal los tiempos de bonanza pasados o, simplemente, porque nos consideramos el centro del mundo, pero cada vez hay menos respeto y empatía con el otro. ¿Dónde veo yo mala educación? En la falta de delicadeza que demostramos hacia los demás en nuestras acciones más banales. No se trata solo de cuestiones como no responder a los múltiples correos o llamadas que se reciben aunque sea con una fórmula de cortesía tipo "me ha llegado, luego te comento algo". No. Es algo mucho más grave y que, en mi opinión, lamentablemente va en aumento.

En concreto, me refiero a esa actitud de prepotencia que se ha extendido y que lleva a considerar al otro, sea o no sea prescriptor de nuestros productos o servicios, como "alguien que ha venido a servirme" o, directamente, "un inferior que ha tenido la suerte de tropezarse conmigo en la vida".

De ahí que se haya perdido la buena costumbre de avisar cuando se llega tarde, se abusa del otro interrumpiendo groseramente la actividad que está realizando, obligandole a hacer múltiples modificaciones a la oferta que te plantea sin considerar el tiempo que le va a costar para luego solventarlo con un simple "no, me viene mal" o alargando las reuniones sin considerar que la otra persona también tiene su agenda así como sus propios cometidos que atender.

Bueno, pues modificar todos esos puntos tan nimios es la base para poder llevar a cabo una buena política de atención al cliente y, entonces sí, poner con letras de oro en el frontispicio de nuestra empresa: "El cliente es lo más importante para nosotros". Mientras tanto, mentira cochina.

2 comentarios: on "La mala educación (para empresas)"

Raúl dijo...

Ese proceso suele ser directamente proporcional a los ingresos del o de la ganapán de turno, ¿no crees?
Cuanto más dinero, mayor soberbia y prepotencia, y menor respeto por los demás y por lo que nos rodea.
Estos largos años de pelotazos a gogó han contribuído a asentar las castas superiores (notari@s-jueces-fiscales-abogad@s; arquitect@s-ingenier@s; empresari@s-promotores/as, etc...). Entrevistarse con algun@ de ell@s suele ser, salvo honrosas excepciones, como hablar con Dios o similar; no es que estés como en la gloria, sino que parece que te permiten seguir viviendo...
Así tenemos la sociedad que tenemos, ajilipollada en un grado muy notable...

Jesús Jiménez dijo...

Hola, muy buenas, Raúl

Sí, estoy de acuerdo con lo que planteas y que, en cierta forma, hoy señala Jorge Nagore en su columna: cuanto más alto en el cargo, cuanto más tiempo llevas ocupándolo, cuanto más te crees "algo" ... Más pasan las cosas que describo en mi colaboración de hoy

Gracias por tu comentario

Saludos