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Juan José Domínguez

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Economía

viernes, 10 de junio de 2011

Cuento: el pequeño progresista

El Filibustero nos trae hoy un cuentecito sobre un pequeño político, de una pequeña ciudad de un pequeño reino cualquiera. Vale que algunos nombres se parezcan a otros conocidos, pero cualquier parecido con la realidad es, o puede ser, coincidencia. Que cada cual extraiga de la historia lo que le venga bien y lo que le apetezca. Y, si no quiere extraer nada, que lo lea un ratito, se entretenga y esboce alguna que otra sonrisa.


Por EL FILIBUSTERO
Cuentista de Hamelín

Érase una vez un hombre bajito, bajito, y feo, feo, pero que muy feo, que a falta de oficio ni beneficio, dedicaba su vida a recorrer los pasillos dentro de un cuento que había escrito el partido progresista de Pampilonium, la capital de un reino tan viejo, tan viejo, que se seguía llamando reino cuando ya no lo era, para evitarle problemas de alzheimer.

Era nuestro pequeño personaje un auténtico malandrín, a quien en más de una ocasión le habían llamado mandarín, y estaba preocupadísimo porque ya no tenía trabajo, y por eso lloraba y lloraba por todas las esquinas esperando a alguien que le diera consuelo.

Un día se encontró con un joven, buen mozo, que le preguntó qué le pasaba, y al contarle nuestro personaje que no podía seguir viviendo en el cuento, porque los lectores, cansados de leer capítulos repetidos con distinto título habían decidido optar por otro, le dio una colleja y le recordó que se dejase de memeces, porque había millones de personas en su misma situación.

Bajito y feo era un preludio que le acompañaba ante las personas que no le conocían, pero por lo que destacaba era por tonto. Mirad, era tan tonto, tan tonto, tan tonto, que cuando los escritores del cuento se dieron cuenta de que no se podía engañar a los lectores escribiendo siempre los mismos capítulos para solo cambiarles el título, él se enfadó y pataleó como un niño, pues creía firmemente que nadie leía el cuento, sino que los lectores solo lo abrían para mirar los dibujos.

Hartos de sus pataletas, los escritores empezaron a enfadarse mucho con él, pero armados de buena voluntad, decidieron darle una oportunidad para volver a aceptarlo. La oportunidad consistía en que en una semana debía ser capaz de ofrecer a los lectores un cuento diferente, que les ilusionase y que supusiese un cambio.

Con esta posibilidad en la mano, nuestro diminuto amigo se fue farfullando por sus pasillos a escuchar la voluntad de los protagonistas del cuento del partido progresista de Navarririum, compañeros de estantería, y a quienes profesaba devoción por haberle dado en su momento la oportunidad de ser protagonista del cuento de Pampilonium, pese a que sus ascendentes familiares provenían de una historia de terror.

Los protagonistas del cuento de Navarririum lo acogieron entre ellos, pero sin el afecto que nuestro protagonista deseaba, puesto que nada más llegar allí, comenzaron a darle órdenes y a amenazarle de que, en caso de que no las cumpliese, no volvería a trabajar en su vida ni en el cuento de Pampilonium, ni en ningún sindicatum de cuentos.

Cohibido por las amenazas y terco como una mula, nuestro amigo comenzó a llamar a los periódicos de Pampilonium para repetir el mismo cuento y negar que los escritores quisiesen cambiar el guión. Esto supuso el cabreo de los escritores, pero él, que no tenía mucho ingenio, pero tenía poco tamaño, se escondió en un cajón hasta que pasó la tempestad.

Tras ello, se reunió con los protagonistas del cuento del partido de unión conservatriz de Navarririum, que estaban muy felices, porque a pesar de haberse divorciado recientemente tenían muchos lectores, y les dijo que no se preocupasen, que les ayudaría a que su cuento se repartiese gratuitamente entre todos los ciudadanos de Pampilonium, con lo que los conservadores se sintieron muy agradecidos y le dijeron que si estaba cansado del cuento progresista, cosa que se le notaba en las ojeras, no se preocupase, que en la próxima edición le harían un hueco entre sus personajes, y que si el favor que les hacía en este momento tenía consecuencias negativas para él, también le buscarían alguna ocupación, aunque fuese como repartidor.

Libre de remordimientos y con una gran sonrisa, se encaminó con sus pasos de hormiga de vuelta a la sede de los protagonistas del cuento del partido progresista de Navarririum, donde le felicitaron, y tras ponerle cuatro horas a pegar sellos, le dieron las instrucciones para ocultar el pacto establecido a los escritores del partido, y le dijeron que no se preocupase por el resto de protagonistas del cuento de Pampilonium, puesto que ya estaban advertidos y estaban de acuerdo.

Así fue como un sábado del mes de junio, los protagonistas de los distintos cuentos de los distintos partidos, se reunieron para decidir que cuento sería el obligatorio para los cuatro años venideros. Sin más sorpresas, el cuento del partido progresista de Pampilonium fue el mismo que se había escrito con cuatro años de anterioridad, y resulto vencedor el cuento del partido unión conservatriz de Navarririum.

A partir de aquel día, en un intento desesperado por recuperar su trabajo, nuestro canijo protagonista comenzó a ponerle velas a San Antonio para que el protagonista principal del cuento del partido progresista de Pampilonium se fuese de actor secundario al cuento del partido socialista de los madriles. Todo seguía igual. ¿Todo? No, todo no, un inmenso grupo de personas, entre los que figuraban reputados escritores, había acampado frente de la sede del partido progresista de Navarririum, pidiendo la cabeza de los protagonistas del cuento, en especial la del protagonista principal del cuento de Navarririum, la de su escudero, y la de nuestro pequeño villano.

Los tres, junto a unos cuantos personajes de reparto, tuvieron que huir desesperadamente, puesto que en un ataque de ira comunitario, los escritores les amenazaban con sus gomas de borrar. Según cuenta la leyenda, buscaron refugio en Mordor y Mendigorría, y de ellos nunca se volvió a saber más.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado ;-)

2 comentarios: on "Cuento: el pequeño progresista"

Iñaki dijo...

Muy bueno el cuento, ojala solo fuese un cuento...
Al final debería de haber una nota diciendo que está basado en hechos reales, sin licencia literaria alguna por parte del autor...

Zorionak!

Abuelo dijo...

jajajajajaj ajajajajaajj ajajajajja ajajajjaj ajajaj no entiendo nana de nada jajajajajajaja ajajajjaj jjaajajjaaj