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Entrevistas

Incorrección política

El análisis y comentario político, de cuestiones navarras y del resto del mundo, nos lo da sin tapujos el politólogo y escritor Juan José Domínguez

Juan José Domínguez

Hablemos de dineros...

Con lo que nos cuentan El Filibustero y Jesús Jiménez, "Er Jimi", entendemos de fábula las cosas de la Economía navarra y del mundo

Economía

sábado, 24 de abril de 2010

Inflación encubierta

Técnico y sin redondeos


Decía Juan Moscoso, allá por el último congreso del PSN, que la que estaba cayendo en España era culpa de la crisis financiera internacional. Años más tarde, dada la velocidad crucero de sus mentes, los dirigentes socialistas llegaron a la conclusión de que España tenía un problema serio en el sector de la construcción y que, probablemente, este sector también tenía parte de la culpa de la crisis nacional.

Tarde pero cierto. La pregunta es: ¿cuántos años más van a tardar en entender la crisis?, o en otras palabras, ¿hay que esperar a que se supere otro período electoral para que nos cuenten la verdad? Si fuese por ellos, seguro que sí. Sin embargo el caso de Grecia puede precipitar los acontecimientos, sobre todo teniendo en cuenta que puede coincidir en el tiempo con una fecha crítica para las Cajas de Ahorro, el plazo de vigencia del FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria), que en teoría expira el 30 de Junio (Amigos ventanilleros de la banca: vayan recogiendo sus bártulos).

Como ustedes sabrán si siguen la prensa económica internacional, en Grecia se está produciendo un fenómeno similar al que ocurrió en Argentina en 2001, con aquello que desembocó en el llamado “corralito”, que no fue otra cosa que, en términos pragmáticos, anular el acceso de las personas al dinero que tenían almacenado en las entidades bancarias. Los analistas de Wharton comparan el caso de ambos países y señalan que la experiencia Argentina podrá ayudar a los griegos a salir antes del atolladero en el que andan metidos. Si usted mira el mapa de crecimiento del FMI, donde señala a los diferentes países en función de sus expectativas de crecimiento, se aprecia un desequilibrio importante. Pero, ¿cómo una crisis financiera mundial puede afectar de manera tan distinta a diferentes países?

Esta claro que cada país es diferente, y aunque a los economistas se les llene la boca con la palabra globalización (aunque nunca podrá llegar a sustituir a “Pamplona” a la hora de la gracieta del polvorón), las circunstancias deben de analizarse de manera individual. Una vez dicho esto, diremos lo contrario: el caso de España, Grecia y Portugal, si salvamos la fiabilidad de las cuentas helenas, y la especulación inmobiliaria en suelo español, tiene un punto en común a partir del 1 de enero de 2001. Y éste es la repercusión de la entrada en el Euro.

Creer que somos más ricos
Bien es cierto que el euro aporta importantes beneficios a una economía como la nuestra, sin embargo también aporta algo muy peligroso: “el autoengaño”. Autoengañarse consiste en creerse que a partir de un momento determinado (entrada del euro), tenemos más dinero del que realmente tenemos, o lo que es lo mismo, no querer darnos cuenta de que no podemos pretender equiparar nuestro poder adquisitivo con franceses y alemanes a base de la inflación.

Si analizamos el impacto de la entrada del euro con ejemplos concretos podemos apreciar la inflación. Si usted acudía a una cafetería, por ejemplo de Pamplona, el 31 de diciembre de 2000, el precio que debía abonar por tomar una taza de café podía ascender a 100 pesetas (en algunos sitios – los caros – hasta 120) y, por arte de magia, el 1 de enero de 2001, el precio de esa misma taza de café, alcanzaba la cifra de 1 euro, osease, 166,386 pesetas, o lo que es lo mismo, un incremento del 66,38% en el precio. (Hoy en día, 9 años después, en mucho lugares se puede consumir ese producto por 1,10 euros, es decir, en 9 años sube un 10%, y en un día un 66,38%?)

Lo mismo ocurría saliendo de juerga. En el año 2.000 se podía salir dignamente con 5.000 pesetas (30 euros) a cenar y tomar unas copas. En el año 2010 no le extraña a nadie tener que gastarse entre 60 y 90 euros. Oiga usted, que de 30 a 60 es un 100% y a 90 un 200% y el dinero sube, pero no tanto!!!!

Según los datos del INE (Instituto Nacional de Estadística) el IPC (Índice de Precios de Consumo) acumulado desde marzo de 2000 hasta marzo de 2010 asciende a un 32,3%. Es decir, que si un café valía 100 pesetas en el 2000, si su precio fuese acompasado con el poder adquisitivo de los ciudadanos debería costar 132 pesetas en 2010. Si una noche de marcha (con cenita y copichuelas) podía costar 5.000 pesetas en 2000, en 2010 debería poder salirte por 6.615, es decir por unos 39 euros, presupuesto con el que hoy en día te llega para poco más que un kebab y dos kalimotxos.

A su vez, el crecimiento desorbitado del precio de la vivienda, con incrementos superiores al 10% interanual (y mucho más) durante los años de esplendor del pelotazo inmobiliario, han ayudado bastante a sacar las cosas de quicio.

La importancia del IPC
Como decimos, una de las claves de todo esto está en el IPC. El IPC es un indicador de origen estadístico que está vinculado directamente con el poder adquisitivo de los ciudadanos por dos vías, la primera porque muchos convenios salariales están referenciados al mismo (para los aumentos de sueldo) y la segunda porque el mismo indicador se emplea para incrementar los precios de los bienes de consumo, de tal manera que entre unos y otros, siempre mantenemos el mismo nivel adquisitivo.

Esta es la teoría, pero la realidad ha sido que fenómenos como Pedro Solbes y Rodrigo Rato (la Salgado no creo que llegue a merecer ni mención en esta triste historia), de manera voluntaria, o presionados por sus partidos, han mantenido un sistema de cálculo del IPC ajeno a la realidad y que, de alguna manera, nos ha llevado a esta situación.

Es decir, si el IPC sirve para equilibrar nuestro poder adquisitivo, pero en el mismo no se incluye el precio de la vivienda, que sin duda es el mayor gasto en el que incurre el ciudadano, el dato que obtenemos está fuera de toda realidad. Lo mismo ocurre si no tenemos en cuenta el impacto de la entrada del euro.

Esta situación, que no pasa en todos los sectores ni con todos los bienes, puesto que el gobierno ya se encargó de maniatar a agricultores y ganaderos, para que no se aprovechasen de la entrada de la nueva moneda, si no se controla adecuadamente termina irremediablemente produciendo una inflación encubierta. Una en la cual el Estado no puede saber cuál es la inflación real, en la cual los salarios cada vez llegan para menos y en la cual nos encontramos con que, Dios sabe porqué, tenemos más dificultades que otros para salir de la crisis y de repente el problema es que no somos competitivos, sostenibles y demás gaitas.

Y me pregunto yo que si son tan listos… ¿por qué nadie se asombró de que llegásemos a ser la octava potencia económica siendo tan poco competitivos?

2 comentarios: on "Inflación encubierta"

Anónimo dijo...

Muy bueno el artículo.
Permítame hacerle una pequeña corrección, el euro entró en vigor el 1 de enero de 2002.
Saludos.

El Filibustero dijo...

Totalmente de acuerdo. Gracias por la corrección. Ese primo alemán llamado alzheimer que me esconde las cosas...